Con la llegada de la primavera toca limpieza en el hogar y también limpieza corporal y emocional
Como siempre me da bastante pereza y suelo posponerlo in extremis, esta vez mi cuerpo serrano me ha dado un tirón de orejas con un catarro primaveral como tiene que ser. Empezó ayer como quien no quiere la cosa y hoy no puedo soltar el pañuelo ni medio minuto. Así que aquí estoy… tomando una tisana de salvia y tomillo e intentando terminar la entrada de marzo que, irónicamente, trata de esta limpieza que no quería hacer.
Con todo lo que está pasando este mes en Libia y en Fukushima, escribir una inspiradora entrada para mi paraíso virtual me parecía el colmo de la frivolidad. Pero al final todos estamos conectados. Todos somos uno. Y todos somos responsables de nuestra realidad incluidos los conflictos en Libia y el desastre nuclear de Japón. Y si todos somos la causa del problema, de la guerra y de la contaminación también podemos formar parte de la solución.
No he sido capaz de unirme a las convocatorias de solidaridad virtual propuestas por diversos colectivos de la Nueva Era… Siempre llego tarde o se me pasa el día
Con este catarrón me olvidé de enviar mi oración de amor y gratidud al agua de la planta nuclear de Fukushima el jueves 31 a petición de Masaru Emoto (“Agua de la central nuclear de Fukushima, sentimos hacerte sufrir. Perdónanos. Te damos las gracias y te amamos”). Por eso mi propuesta de este mes es un ejercicio de acción individual, sin calendario y continuada. ¿Qué ocurriría si todos, uno a uno, de la forma que nos convenga o resulte oportuna, vamos limpiando nuestra mente, nuestras emociones, nuestros armarios y trasteros, los maleteros del coche, los cajones y alacenas, nuestras relaciones, nuestros recuerdos, nuestros miedos, nuestros órganos… ? ¿Sería posible que esta desintoxicación personal se convirtiese en una desintoxicación global?
Y si a la limpieza personal le añadimos las palabras mágicas del Ho’oponopono? Lo siento. Por favor, perdóname, gracias, te amo. Y si repetimos estas palabra siempre que bebamos un vaso de agua, cuando nos duchemos, cuando pongamos la lavadora, preparemos un té o un café, cuando estemos cerca del mar o cerca de un río, cuando llueva… Creo que es posible sanar a la Madre Tierra limpiando el inconsciente colectivo y dando gracias al agua… y que mejor momento que esta primavera extraña en la que ni la radioactividad ni las bombas han impedido que salgan flores.


